lunes, 27 de abril de 2009

La senda de mi vida

He recorrido oscuros callejones, me he topado con un montón estocadas a mis espaldas, acero y sangre con una luna muerta por bandera, pero no me he detenido y he seguido avanzando, sin mirar atrás, sin retroceder, pues si te estancas estás acabado. He aprendido a cada paso dado, he blandido mi espada para batirme a duelos con mi sombra, voz rasgada por los ecos del alcohol, mirada sincera a través del espejo de la realidad.


No creo en banderas llenas de dinero, ilusiones de corazones huecos que necesitan creer en raíces propias, generando ansías de odio y superioridad, todo vano, no serás mejor persona por ello, sólo una marioneta más de los cuatro “políticos de turno” , los que duermen en colchones de billetes y se ríen en tu cara a cada instante vivido.


Creo en el individuo, en el ser humano, en su capacidad de crear y destruir, tan bello y horrible a la vez, civilización del progreso involutivo, paradoja perpetua aunada a nosotros hasta el fin de los tiempos.

Los besos de alquiler caducan al tiempo, fugaces estrellas perdidas tras las barras de los bares, sabor de humo y palabras rotas. Tras la noche un portal lleno de estrellas, y a su paso el silencio, sentado en las escaleras, contemplando la calle desierta, pensamientos trenzados con un corazón que ya no se lamenta, forjado en mil batallas, frío y serio, reflexivo en definitiva.


Balance de la vida, muchas caras, buenas y malas gentes, experiencia en la pelea, en el vino y con luceros de bella sonrisa, a veces he perdido el rumbo, otras simplemente no me encuentro, en ocasiones desvarío entre versos de algún poetastro maldito, una sensación algo extraña encauza mis venas, mi sangre hierve al compás de una guitarra desgastada, cuerdas con sabor a lágrimas, heridas saladas que sólo unos labios inexistentes pueden calmar.


Sé que a veces lo pude hacer mejor, otras tantas golpee, otras tantas recibí, mirada altiva en la victoria, levantarse tras una derrota, no queda otra y caminar. En ocasiones se sufren desengaños, decepciones, descaros, susurros amargos, falsedades y mentiras, hilos de sangre que descienden por un lado, y sin embargo por otro alegrías, sinceridad en una sonrisa, muestras de verdadera hermandad, por ello merece la pena continuar. Doble cara, lo malo ha de ser extirpado de raíz, que las cabezas rueden y el honor prevalezca ante todo.


Y sigo caminando por la vida, en pos de un atardecer de pétalos rojos, unas litronas algo vacías, unos labios que sepan a libertad, la mirada al frente, guitarras viejas que canten mi canción, los míos a la melodía, y de estandarte las ilusiones que acuno entre mis manos.






Gritando en silencio---> a la luz de una sonrisa.

Despierto con pocas ganas como expulsado del cielo,
Y crujiéndome los dedos, he empezado a escribir.
Despunto el lapicero a la vez que el desconsuelo
Pero reconozco la fecha; Hoy es veintidós de Abril.
Nunca sobran las canciones y siempre tengo algo que decir
Pero ella merece más una letra que las calles de Madrid

Porque hace ya dos años me quiere a quemarropa,
Con la inocencia de un niño con su primera copa.
Pierdo la estridencia; vivo sin motivos;
Aprendo a tener paciencia… y escribo.

Miro al fondo del café y me acuerdo de fumar.
Y entre el humo del cigarro palidece mi ansiedad
Mientras duermes yo te escribo, a ratos miro hacia atrás
A observarte con los ojos que un preso ve su libertad

Porque hoy no hay guerras civiles
Si echamos el pestillo.
Y aunque sigue siendo cutre,
El mundo, ya no es un ladrillo.
Setecientos trentaitantos días de tu sonrisa
Haciendo que la vida no sea papel de lija.

Por fuera hay que ser duro como el asfalto
Con la piel igual de fría que si fuéramos lagartos.
La vida siempre va a destiempo como el riff de esta canción
Por eso miénteme y dime que nos veremos.
Tan solo unas horas y ya te echo de menos.
Me columpio con la esperanza de que mañana sea mejor

Porque si el diablo pasa jocoso y ladino,
Con la citara vieja en la que compone el destino,
No me queda otra defensa...

Por favor, Por favor
Por favor cuéntale: que la miro como no miro a ninguna,
Que no voy a dar un respiro mientras nos mire la luna,
Y que más de cien soles no curten mi pecho
Que es de su mirada de lo que estoy hecho;
Sonrisa fugazmente y de malos momentos
Y con ella soy el príncipe de su cuento.

Por fuera hay que ser duro como el asfalto
Con la piel igual de fría que si fuéramos lagartos.
La vida siempre va a destiempo como el riff de esta canción
Por eso miénteme y dime que nos veremos.
Tan solo unas horas y ya te echo de menos.
Me columpio con la esperanza de que mañana sea mejor

Porque si el diablo pasa jocoso y ladino,
Con la citara vieja en la que compone el destino,
No me queda otra defensa...
¡Que la del tú y el yo!


miércoles, 15 de abril de 2009

Peñalara

Coronamos Peñalara, realmente la tarea no resultó muy complicada, partimos de Cotos( 1860m) y salvo algunos tramos en los cuales la nieve se había tornado puro hielo, fuimos con bastante soltura sin ningún utensilio habitual para éste tipo de aventuras. Una de las cosas que más me llamó la atención, fue la jerga del montañista de la cual se sentía tan orgulloso Álvaro, a fin de cuentas se dedicará a trabajar por estos lugares en el futuro, saludo a cada cual que pasaba, sin dejarse ni a la familia que comía refugiada entre las rocas y eso fue ya pasando la Hermana Mayor, el antecesor a Peñalara.


Comenzando la subida



En éste punto contemplamos ( en la Hermana Mayor) Castilla y lo que sería Segovia, con un horizonte infinito que se elevaba cada vez más, lo cual nos trajo discusiones si la tierra se iba elevando o era un mar de planicie que se extendía más allá de lo que nuestros ojos podían ver.

Atisbando Castilla


Una vez coronada Peñalara (2428 m) decidimos comernos nuestros respectivos bocadillos y sentir el gélido aliento del viento, hermosas vistas y de fondo el “qué bonito” de Tintin que no dejaba de salir de su boca a cada paso que dábamos.




En la cima


La bajada resultó en primera instancia muy sencilla, incluso patinando por la nieve por distintas zonas, salvo el terreno que carecía ya de la misma y eran piedras, algo peligroso para los tobillos. Ya en la falda de la montaña, perdimos la senda a seguir y bajamos por el bosque, de árbol en árbol, era el método Juan.

video

Bosque


Para terminar dicho día acabamos merendando en Rascafría, en un lugar bastante acogedor, tanto que hasta dejamos propina. Por otro lado, tuvimos algún incidente en las tortuosas carreteras ya a la vuelta, con un motorista que debería mirar más los espejos retrovisores, que por salvarle la vida, casi nos salimos de la carretera.
Próximo Destino; Gredos.

Merienda